
Si bien se puede entender la reacción instintiva de rabia surgida en algunos por un acto del que no se puede no quedarse perplejo, invito a considerar lo que ha ocurrido este pasado fin de semana con calma y distanciamiento racional.
En primer lugar: han sido aprobados los estatutos del Camino Neocatecumenal, es verdad. Se dice "en forma definitiva". Esto es falso. Ni siquiera las reglas de las Ordenes religiosas, bastante más articuladas que las indicaciones destinadas al Camino, son irreformables: la Santa Sede, ateniéndose al iter previsto por el derecho canónico, puede modificar como y cuanto desee. La unica cosa verdadera es que los estatutos han sido aprobados a tiempo indeterminado, es decir, que no serán objeto de revisión en una fecha precisa y previamente establecida.
En segundo lugar: Antes de comentar el hecho de la aprobación, leamos estos estatutos. No creo ciertamente que el papa después de haber anotado su desaprobación hacia los abusos liturgicos del movimiento, haya consentido a que la nueva redacción dejase completa libertad en ese sentido. Tampoco que no se intervenga en modo alguno sobre los errores eclesiológicos y sacramentales contenidos en la catequesis "ad usum privatum" difundidos en sus comunidades.´
En tercer lugar: La aprobación de los estatutos está estrechamente limitada a su contenido. No implica la aprobación tácita e incondicional de las prácticas del Camino en su complejo, aún menos de los errores o de lo que la misma Santa Sede ha repetidamente denunciado como abuso. Hoy más que nunca, pues, los Católicos tienen el deber de hacer relevar, en los modos y sedes oportunas, eventuales desviaciones de la norma de los estatutos aprobados y de la ley general de la Iglesia. Hago notar, además, que si tales denuncias no han tenido efecto, es porque comunmente han sido hechas en un modo poco correcto o excesivamente emotivo, con escasa producción de documentos o hechos.
En cuarto lugar: El Camino, guste o no, es una realidad. Podemos deplorar la actitud de quien, en décadas pasadas, les ha consentido de proliferar casi sin control por parte de la jerarquía (recordemos que la aprobación de los estatutos ad experimentum es de 2002: antes el Camino no tenía estatuto jurídico alguno), pero no podemos engañarnos de que se posible negar su existencia o borrarlo bruscamente sin ocasionar escándalos y graves daños. Es preciso pues reconducir el movimiento al orden y espero que estos nuevos estatutos constituyan un avance en tal sentido. En el futuro se podrá hacer más y mejor.
En quinto lugar: En la Iglesia existen otros movimientos, a los mejor menos conocidos, pero con características no muy distintas a los neocatecumenales. Me refiero, por ejemplo, a los Carismáticos, y en menor medida a los focolares. Ellos han recibido desde hace tiempo la sanción Vaticana. También en estos casos hay que proceder con extrema prudencia, sin hacer dramas, pero también sin dar pasos atrás cuando se trata de denunciar abusos y desvíos.
En conclusión, considerando la situación y tratando de poner a un lado la emotividad, no me parece que haya nada nuevo bajo el sol. Es más: probablemente, los estatutos queridos por el Santo Padre tienen esa intención, de reconducir a los movimientos al orden en modo tranquilo. Un acto más riguroso y menos medido habría sido de poca utilidad y habría dado la impresión poco oportuna, efectivamente, de un radical "cambio de ruta" respecto a la actitud del Vaticano en las décadas precedentes. Lo cual sin duda ha tenido lugar, pero en la práctica se debe traducir con gradualidad, si se quiere evitar escándalos, y esas reacciones descompuestas que no hacen bien ni a los fieles, individualmente, ni a la Iglesia. El futuro nos dará la razón.
Daniele di Sorco.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada