Esta semana hemos conocido una cifra terrible: más de 112.138 abortos en nuestro país en 2007. La cifra es superior a la población de bastantes capitales de provincia en España. El popular dicho "Teruel no existe" se cumpliría con creces, y es que a pesar de la monstruosidad que supone la cifra, los medios no han hecho el más mínimo caso a esta noticia. Supongo que un fichaje del Real Madrid es mucho más importante para las televisiones y demás medios de Comunicación.
Me ha hecho gracia, la verdad, cuando la delegada del Gobierno en Madrid, Soledad Mestre ha recordó, refiriéndose al terrorismo, el Artículo 15 de la Constitución Española, que protege el derecho a la vida de todos los españoles. ¿Es posible ser tan hipócrita? Hemos duplicado la cifra de abortos en España en diez años y aún así nos permitimos el lujo de predicar con el derecho a la vida. Se podrá argumentar largo y tendido de porqué la "interrupción del embarazo" es un asesinato, pero a las escalas que estamos hablando, empieza a adquirir tintes de terrorismo genocida.
La Cultura de la Muerte parece haberse apoderado de la sociedad, provocando un pensamiento ambiguo, cruel y deshumanizado en torno a sí misma, en la que el nonato no deseado carece del derecho fundamental a vivir, y el que no pueda valerse por sí mismo es asesinado como un caballo.
Frente a esa sociedad deshumanizada, no podemos quedarnos pasivos e indiferentes. Cuesta poco, por no decir nada, levantarse y decir "hasta aquí hemos llegado". La violencia etarra tiene el mismo fundamento que este genocidio: ninguno. Sobre todo cuando las instituciones, como es el caso de la Comunidad de Madrid, han comenzado a facilitar el que se deje en adopción un bebé de forma anónima. Aunque no todo el monte es orégano: el propio gobierno autonómico financia "clínicas" abortistas como Dator. ¿De veras necesitan ese dinero?
Nuestro deber de estado es presentar una alternativa a esa cultura inhumana. El mensaje de Cristo, luz de las naciones, nos debería ayudar, y entrar en nuestros corazones. Ese es parte del problema: hemos dejado de lado a Cristo y sus enseñanzas, primera de todas el amor. Desde ese momento, no podemos esperar nada de una sociedad ateizada y ateizante. El frente del siglo XXI es la nueva evangelización. Esperemos poder contar con nuestros obispos como guías inequívocas siempre en este árduo camino.
Miguel Vinuesa
Juventutem de Madrid
juventutemdemadrid@gmail.com
viernes 5 de diciembre de 2008
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