lunes 16 de junio de 2008

A propósito de la aprobación de los estatutos del Camino Neocatecumenal

Juventutem de Madrid les presenta un artículo de don Daniele di Sorco, joven de Livorno, Italia, promotor de la Misa Tridentina en su localidad, junto a los Padres Trinitarios. El autor presenta sus reflexiones a la luz de la noticia, que se ha conocido esta semana, de la aprobación "definitiva" de los estatutos del movimiento cuyo máximo exponente en Kiko Argüello.



Si bien se puede entender la reacción instintiva de rabia surgida en algunos por un acto del que no se puede no quedarse perplejo, invito a considerar lo que ha ocurrido este pasado fin de semana con calma y distanciamiento racional.

En primer lugar: han sido aprobados los estatutos del Camino Neocatecumenal, es verdad. Se dice "en forma definitiva". Esto es falso. Ni siquiera las reglas de las Ordenes religiosas, bastante más articuladas que las indicaciones destinadas al Camino, son irreformables: la Santa Sede, ateniéndose al iter previsto por el derecho canónico, puede modificar como y cuanto desee. La unica cosa verdadera es que los estatutos han sido aprobados a tiempo indeterminado, es decir, que no serán objeto de revisión en una fecha precisa y previamente establecida.

En segundo lugar: Antes de comentar el hecho de la aprobación, leamos estos estatutos. No creo ciertamente que el papa después de haber anotado su desaprobación hacia los abusos liturgicos del movimiento, haya consentido a que la nueva redacción dejase completa libertad en ese sentido. Tampoco que no se intervenga en modo alguno sobre los errores eclesiológicos y sacramentales contenidos en la catequesis "ad usum privatum" difundidos en sus comunidades.´

En tercer lugar: La aprobación de los estatutos está estrechamente limitada a su contenido. No implica la aprobación tácita e incondicional de las prácticas del Camino en su complejo, aún menos de los errores o de lo que la misma Santa Sede ha repetidamente denunciado como abuso. Hoy más que nunca, pues, los Católicos tienen el deber de hacer relevar, en los modos y sedes oportunas, eventuales desviaciones de la norma de los estatutos aprobados y de la ley general de la Iglesia. Hago notar, además, que si tales denuncias no han tenido efecto, es porque comunmente han sido hechas en un modo poco correcto o excesivamente emotivo, con escasa producción de documentos o hechos.

En cuarto lugar: El Camino, guste o no, es una realidad. Podemos deplorar la actitud de quien, en décadas pasadas, les ha consentido de proliferar casi sin control por parte de la jerarquía (recordemos que la aprobación de los estatutos ad experimentum es de 2002: antes el Camino no tenía estatuto jurídico alguno), pero no podemos engañarnos de que se posible negar su existencia o borrarlo bruscamente sin ocasionar escándalos y graves daños. Es preciso pues reconducir el movimiento al orden y espero que estos nuevos estatutos constituyan un avance en tal sentido. En el futuro se podrá hacer más y mejor.

En quinto lugar: En la Iglesia existen otros movimientos, a los mejor menos conocidos, pero con características no muy distintas a los neocatecumenales. Me refiero, por ejemplo, a los Carismáticos, y en menor medida a los focolares. Ellos han recibido desde hace tiempo la sanción Vaticana. También en estos casos hay que proceder con extrema prudencia, sin hacer dramas, pero también sin dar pasos atrás cuando se trata de denunciar abusos y desvíos.

En conclusión, considerando la situación y tratando de poner a un lado la emotividad, no me parece que haya nada nuevo bajo el sol. Es más: probablemente, los estatutos queridos por el Santo Padre tienen esa intención, de reconducir a los movimientos al orden en modo tranquilo. Un acto más riguroso y menos medido habría sido de poca utilidad y habría dado la impresión poco oportuna, efectivamente, de un radical "cambio de ruta" respecto a la actitud del Vaticano en las décadas precedentes. Lo cual sin duda ha tenido lugar, pero en la práctica se debe traducir con gradualidad, si se quiere evitar escándalos, y esas reacciones descompuestas que no hacen bien ni a los fieles, individualmente, ni a la Iglesia. El futuro nos dará la razón.

Daniele di Sorco.

lunes 9 de junio de 2008

Misa solemne del Superior del ICRSS en Nueva York

(Fuentes: Society of St. Hugh of Cluny y Eddy Toribio -Turiferario-) La "Gran Manzana" ha tenido un gran motivo para estar de celebración, ya que Mons. Gilles Wach, superior del Instituto Cristo Rey, Sumo Sacerdote, al que pertenece nuestro capellán, celebró el viernes pasado Misa Solemne en la Iglesia del Guardian Angel de Manhattan. En la celebración también estuvo presente Mons. Michael Schmitz, quien fue el encargado de dar la Homilía.

Desde el Capítulo de Juventutem, nuestra más sincera enhorabuena al Instituto por un viaje que ha consechado semejantes éxitos.

Pueden ver las fotos aquí.

Miguel Vinuesa
Juventutem de Madrid
juventutemdemadrid@gmail.com

martes 3 de junio de 2008

Artículo de D. Javier Ayora sobre la devoción Mariana

Nuestro amigo Javier Ayora ha publicado un artículo sobre la devoción a Nuestra Señora en el Blog de la cofradía Malagueña de la Vera+Cruz y Sangre -perteneciente a las Reales Cofradías Fusionadas-. Les dejamos aquí el enlace para que puedan leerlo, y se lo recomendamos vivamente.

lunes 2 de junio de 2008

Acto de desagravio al Sagrado Corazón -Pio XI-


¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligancia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres, y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón.

Más recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dipuestos a reparar con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como Pastor y Guía, o conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.

Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra vos y contra vuestros santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario, y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del amor, y en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada.

¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas, entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que vos mismo ofrecisteis un día sobre la Cruz al Eterno padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra divina gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida, y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento.

¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que seamos fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espiritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén